El pasado miércoles 2 de julio, el Auditorio de la Villa de Salobreña se vistió de gala. Y aunque he tenido la suerte de pisar grandes escenarios, de colaborar con instituciones de renombre y de moverme en eventos de gran envergadura, tengo que confesar algo: pocas veces el aplauso se siente tan cálido como cuando suena en casa.
Recibir el Premio a la Divulgación en la Gala del Deporte de Salobreña 2025 ha sido una parada necesaria en el camino. Un momento para respirar y reflexionar sobre por qué hacemos lo que hacemos.
A menudo, en mi trayectoria profesional, parece que el éxito se mide por el tamaño del escaparate. Nos enseñan a mirar hacia arriba, a los grandes focos, a los impactos masivos. Sin embargo, este galardón me ha recordado una verdad fundamental que a veces olvidamos: el conocimiento solo es verdaderamente útil cuando es capaz de llegar cerca. De nada sirve la ciencia del deporte o los avances en salud si se quedan encerrados en torres de marfil o en congresos lejanos. El reto real, el que me apasiona, es aterrizar esos conceptos y entregárselos a la gente de a pie, a mis vecinos, a la comunidad que me rodea.


No voy a mentir; uno no se dedica a la divulgación buscando premios. Lo hago por un compromiso innegociable con mi profesión. Lo hago porque entiendo la actividad física no como un hobby, sino como un pilar de salud pública. Divulgo porque siento la responsabilidad de traducir lo complejo para que sea accesible. Es una labor que muchas veces es solitaria y silenciosa, lejos de las medallas.
Por eso, aunque este no sea el premio más «grande» en términos de currículum internacional, tiene un peso específico enorme en mi corazón. Funciona como gasolina. Ayuda a seguir empujando cuando el cansancio asoma.
Pero lo que más valoro de esta noche no es el trofeo en sí, sino lo que representa. Ver al Ayuntamiento de Salobreña y a las entidades locales reconocer la labor divulgativa es una señal esperanzadora. Significa que hay corporaciones que, más allá de la competición y los resultados, sí entienden el enorme valor del ejercicio y la actividad física como herramientas de transformación social.
Estar allí, rodeado de deportistas locales y viendo cómo mi pueblo vecino, casi mio recibe sellos de calidad deportiva, me reafirma en una idea: lo importante no es solo llegar alto, sino llegar hondo. Y que el mensaje de salud cala donde más importa: aquí, cerca.
Gracias a todos los que leéis, escucháis y compartís. Este premio es, en gran parte, vuestro. Seguimos.

















