I. Introducción a la Biogénesis Mitocondrial y su Relevancia Fisiológica
Definición de Biogénesis Mitocondrial y su Papel en la Producción de ATP
La biogénesis mitocondrial es el proceso fundamental mediante el cual las células crean nuevos componentes mitocondriales, lo que implica la síntesis y el ensamblaje de lípidos, proteínas y ADN mitocondrial (ADNmt) a partir de mitocondrias preexistentes.1 Es crucial señalar que este proceso no se refiere a la generación
de novo de mitocondrias, sino a la expansión y renovación de la red mitocondrial existente.3
Las mitocondrias, a menudo descritas como las «centrales energéticas» de la célula, son orgánulos vitales responsables de la producción de la vasta mayoría del ATP (adenosín trifosfato), la principal molécula de energía celular. Esta producción ocurre a través de complejos procesos metabólicos como el ciclo de Krebs y la cadena de transporte de electrones (ETS).1 Se estima que las mitocondrias generan aproximadamente el 95% de la energía celular.6 La eficacia de este proceso de producción de energía es directamente proporcional a la cantidad y calidad de las mitocondrias presentes en la célula.
La complejidad de la biogénesis mitocondrial radica en la necesidad de una expresión coordinada de genes codificados tanto en el genoma nuclear como en el mitocondrial. Aunque las mitocondrias poseen su propio ADNmt, que codifica un número pequeño pero esencial de proteínas del sistema de fosforilación oxidativa, la mayoría de las proteínas mitocondriales son codificadas por genes nucleares.3 Esta intrincada colaboración entre ambos genomas es indispensable para el correcto funcionamiento y la adaptación de las mitocondrias.
Importancia de las Mitocondrias en la Salud y el Rendimiento Deportivo
El aumento en la cantidad y calidad de las mitocondrias constituye una adaptación fundamental del músculo esquelético, lo que se traduce en una mejora sustancial del rendimiento físico y un retraso significativo en la aparición de la fatiga.3 Los deportistas de resistencia de élite, por ejemplo, exhiben un volumen mitocondrial notablemente superior en comparación con individuos no entrenados, lo que subraya la correlación directa entre la capacidad mitocondrial y el desempeño atlético.4
Más allá del ámbito deportivo, la salud mitocondrial emerge como un factor determinante para la función celular global y la vitalidad del organismo en su conjunto, impactando tanto en estados de salud como de enfermedad.8 La disfunción mitocondrial se ha vinculado estrechamente con una amplia gama de patologías crónicas y degenerativas, incluyendo la fatiga crónica, enfermedades cardiovasculares, trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer, obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad del hígado graso y el envejecimiento prematuro.6 Incluso se ha postulado que el cáncer posee un componente metabólico mitocondrial significativo.13
En este contexto, el ejercicio físico se posiciona como una intervención extraordinariamente potente para optimizar la función mitocondrial y fortalecer la resistencia del organismo frente a diversos estresores ambientales.14 La mejora de la biogénesis mitocondrial no solo optimiza el rendimiento deportivo al aumentar la capacidad de producir ATP y retrasar la fatiga, sino que es fundamental para la salud metabólica general y la prevención de enfermedades crónicas. La evidencia acumulada sugiere que los beneficios de las adaptaciones mitocondriales se extienden mucho más allá del rendimiento atlético, consolidándose como un componente crítico para la salud general y la longevidad. Esta perspectiva ha llevado a conceptualizar el ejercicio como una verdadera «medicina mitocondrial».8
II. Mecanismos Fisiológicos y Vías de Señalización de la Biogénesis Mitocondrial Inducida por el Ejercicio
El ejercicio físico actúa como un estímulo robusto que desencadena una compleja cascada de eventos moleculares y celulares, culminando en la biogénesis mitocondrial y la mejora de su funcionalidad. La comprensión de estos mecanismos es fundamental para optimizar las estrategias de entrenamiento.
Señales Iniciales de la Contracción Muscular
La contracción muscular durante el ejercicio genera una serie de señales intracelulares que funcionan como sensores del estado energético y del estrés celular, iniciando así la respuesta adaptativa que conduce a la biogénesis mitocondrial.4
Uno de los indicadores más importantes es el cambio en el ratio AMP/ATP. El ejercicio intenso y prolongado provoca una degradación de ATP y, consecuentemente, un aumento en las concentraciones de ADP y AMP libres.16 Este incremento en la proporción AMP/ATP es una señal crítica para la activación de la AMPK (AMP-activated protein kinase).16
Otro factor desencadenante es el aumento del calcio intracelular (Ca2+). La contracción muscular induce una mayor acumulación de Ca2+ dentro de la célula.17 El Ca2+ es un regulador clave de la función mitocondrial y estimula la síntesis de ATP.22 El incremento de Ca2+ intracelular activa la CaMK (Calcio/calmodulina-dependiente proteína quinasa), una potente proteína señalizadora que, a su vez, amplifica la señalización de factores de transcripción genéticos como PGC-1α.17
Asimismo, la generación de especies reactivas de oxígeno (ROS) durante el ejercicio, en niveles fisiológicos, desempeña un papel determinante en múltiples procesos de regulación.16 Las ROS pueden aumentar la cantidad de Ca2+ intracelular y activar la expresión de más de 600 genes, incluyendo aquellos que regulan el complejo mitocondrial de oxidación de lactato.17 Es importante destacar que, si bien niveles elevados de ROS pueden ser perjudiciales y contribuir a la disfunción mitocondrial 22, los aumentos fisiológicos y transitorios de ROS durante el ejercicio actúan como moléculas de señalización cruciales que desencadenan respuestas adaptativas beneficiosas, incluida la biogénesis y la activación de sistemas de defensa antioxidante.17 Esta función dual de las ROS implica que la suplementación indiscriminada con antioxidantes exógenos no específicos podría, paradójicamente, atenuar las respuestas adaptativas beneficiosas inducidas por el ejercicio.25 El equilibrio preciso de las ROS es, por tanto, fundamental para una salud mitocondrial óptima.
Finalmente, el lactato se ha reevaluado como un metabolito clave en este proceso. Tradicionalmente considerado un mero subproducto de la glucólisis y asociado a la fatiga, el lactato es en realidad un regulador metabólico significativo que influye directa e indirectamente en la biogénesis y función mitocondrial.17 Su presencia aumenta la expresión de MCT1 (transportador de lactato a la mitocondria) y del complejo mitocondrial de oxidación de lactato, mejorando la capacidad de la mitocondria para oxidar este sustrato. Aunque su relación con la biogénesis cuantitativa puede ser indirecta, su impacto en la funcionalidad mitocondrial es directo.17 Además, el lactato parece potenciar, a través de la expresión de PGC-1α, la producción de enzimas antioxidantes como la Glutatión Peroxidasa, lo que contribuye a la homeostasis celular y facilita la función mitocondrial.17 Esta redefinición del lactato como una molécula de señalización activa, en lugar de un simple producto de desecho, sugiere un bucle de retroalimentación donde la producción de lactato durante el ejercicio intenso mejora la capacidad del músculo para utilizarlo como combustible, optimizando así la eficiencia y función mitocondrial.
Papel Central de PGC-1α como Regulador Maestro
El PGC-1α (Peroxisome Proliferator-Activated Receptor-γ Coactivator-1α) ha sido ampliamente reconocido como un regulador clave de la biogénesis y función mitocondrial.1 Sus niveles de expresión se utilizan con frecuencia como un biomarcador para cuantificar la biogénesis mitocondrial.1 El ejercicio, tanto en sesiones agudas como en programas de entrenamiento crónico, induce un aumento en la expresión de PGC-1α a nivel de mRNA y proteína en el músculo esquelético.16 Incluso una única sesión de ejercicio es suficiente para desencadenar la expresión de PGC-1α, aunque las manifestaciones de la biogénesis mitocondrial pueden tardar hasta la tercera sesión en ser observables.28
Como coactivador transcripcional, PGC-1α orquesta la biogénesis mitocondrial al activar factores de transcripción nucleares como NRF1 (Nuclear Respiratory Factor 1) y NRF2 (Nuclear Respiratory Factor 2).3 Estos factores, a su vez, activan el factor de transcripción mitocondrial A (TFAM), que es fundamental para la replicación y transcripción del ADN mitocondrial.3 De esta manera, PGC-1α asegura la expresión coordinada de las proteínas mitocondriales codificadas tanto en los genes nucleares como en los mitocondriales.3
No obstante, la comprensión del papel de PGC-1α ha evolucionado con descubrimientos recientes. A pesar de su papel aparentemente central, estudios han demostrado que PGC-1α es prescindible para la biogénesis mitocondrial inducida por el ejercicio (EIMB) en el músculo esquelético.29 Investigaciones con ratones modificados genéticamente para carecer de PGC-1α específicamente en el músculo esquelético (Myo-PGC-1αKO) revelaron que estos animales mantenían una EIMB intacta, una capacidad de ejercicio comparable a la de los controles y una inducción no perturbada de genes metabólicos y la actividad enzimática de la cadena de transporte de electrones.29 Este hallazgo desafía la suposición prevalente de que PGC-1α es absolutamente indispensable para la EIMB y sugiere la existencia de vías redundantes o compensatorias que pueden impulsar la biogénesis en su ausencia, especialmente en respuesta al estrés fisiológico general del ejercicio. Esta complejidad en la regulación molecular subraya la necesidad de una comprensión más matizada de las redes de señalización y la posible redundancia biológica que asegura la adaptación mitocondrial.
Activación de AMPK y su Interacción con PGC-1α
La AMPK (AMP-activated protein kinase) es una proteína quinasa vital que actúa como un sensor de energía celular. Se activa cuando el ratio AMP/ATP aumenta, lo que ocurre durante el ejercicio o en estados de privación energética.12 Esta activación posiciona a la AMPK como un regulador principal de la biogénesis mitocondrial, especialmente en respuesta a la depleción crónica de energía.12
Cuando la AMPK se activa, se une a PGC-1α en las células musculares y lo fosforila en residuos específicos (Thr177 y Ser538), lo que potencia la actividad transcripcional de PGC-1α. Esta fosforilación es fundamental para la expresión de genes mitocondriales, el transportador de glucosa GLUT4 y el propio PGC-1α.23 El ejercicio agudo, como la natación de baja intensidad o la estimulación eléctrica, ha demostrado activar tanto la AMPK como la expresión de mRNA de PGC-1α.20
A pesar de la importancia de la AMPK en la activación de PGC-1α y la biogénesis mitocondrial, la investigación ha revelado una complejidad adicional en esta interacción. Se ha observado que el ejercicio puede inducir la expresión de mRNA de PGC-1α incluso en ausencia de una copia funcional de AMPK-α2.20 Este hallazgo indica que, si bien la AMPK es un actor clave, no es la única vía por la cual el ejercicio desencadena la activación de PGC-1α o la biogénesis mitocondrial. La existencia de otros mecanismos de señalización o rutas compensatorias subraya la robustez y redundancia del sistema biológico para asegurar las adaptaciones mitocondriales esenciales para la homeostasis energética.
Función de SIRT1 y su Dependencia de NAD+
SIRT1 (Sirtuin 1) es una enzima desacetilasa de histonas de clase III cuya actividad está intrínsecamente ligada a la disponibilidad de NAD+ (nicotinamida adenina dinucleótido), un cofactor metabólico crucial.21 Esta dependencia posiciona a SIRT1 como un sensor metabólico que influye en diversas funciones celulares, incluida la regulación de la biogénesis mitocondrial.30 Se ha demostrado que SIRT1 interactúa y activa PGC-1α, lo que subraya su papel en la orquestación de las respuestas adaptativas.21
El ejercicio tiene la capacidad de mejorar la actividad de SIRT1, lo que a su vez induce la desacetilación de PGC-1α en el músculo esquelético. Este proceso de desacetilación es necesario para la activación de las proteínas implicadas en la oxidación de ácidos grasos (FAO) en condiciones de baja disponibilidad de glucosa.23 La vía Nampt-SIRT1-AMPK, donde Nampt es una enzima clave en la biosíntesis de NAD+ regulada por AMPK y SIRT1, se considera fundamental en el recambio mitocondrial, integrando las señales de energía celular y la respuesta adaptativa.21
Un aspecto importante a considerar es la forma en que SIRT1 participa en la biogénesis mitocondrial inducida por el ejercicio. La evidencia sugiere que el ejercicio voluntario y la actividad contráctil crónica pueden inducir la biogénesis mitocondrial de manera independiente de SIRT1.21 Ratones con deficiencia de SIRT1 específica en el músculo (SirT1-KO) mostraron elevaciones sustanciales en el contenido mitocondrial tras el ejercicio, similares a los controles.21 Sin embargo, la situación cambia cuando SIRT1 se combina con otros tratamientos, como el resveratrol (RSV). En este escenario, se observa un efecto sinérgico
dependiente de SIRT1 en la biogénesis mitocondrial, que se manifiesta con una mayor translocación de PGC-1α y SIRT1 al núcleo.21 Esto indica que, si bien SIRT1 puede no ser un requisito absoluto para la respuesta básica inducida por el ejercicio, se vuelve esencial para amplificar u optimizar esa respuesta cuando se combina con estímulos adicionales.
Implicación de la Vía mTOR en la Síntesis de Proteínas Mitocondriales y la Regulación de la Autofagia
La vía mTOR (mammalian/mechanistic Target of Rapamycin) es una quinasa de serina/treonina que actúa como un nodo central en las redes celulares, integrando diversas señales extracelulares e intracelulares para impulsar el crecimiento y la proliferación celular.32 La actividad de mTOR a menudo se encuentra alterada en diversas condiciones patológicas, incluyendo el síndrome metabólico y el cáncer.32
mTOR coordina la síntesis de proteínas, la actividad mitocondrial y la proliferación.32 Específicamente, el complejo mTORC1 (mTOR complex 1) estimula la síntesis de proteínas al fosforilar sustratos clave como las proteínas de unión a eIF4E (4E-BPs) y las quinasas S6 ribosomales (S6Ks), lo que aumenta las tasas de iniciación de la traducción y la síntesis de ARNr y ARNt.32
Estudios emergentes indican que mTOR modula directamente las funciones mitocondriales. Coordina el consumo de energía por la maquinaria de traducción de mRNA y la producción de energía mitocondrial al estimular la síntesis de proteínas mitocondriales codificadas en el núcleo, incluyendo TFAM, proteínas ribosomales mitocondriales y componentes de los complejos I y V de la cadena de transporte de electrones.32 mTORC1 no solo estimula la biogénesis mitocondrial y la respiración en células con 4E-BP funcional, sino que también regula la transcripción de genes mitocondriales nucleares a través de factores como YY1 y PGC-1α.32
Un aspecto crucial de la función de mTORC1 es su regulación de la autofagia. mTORC1 inhibe la autofagia, un proceso catabólico que puede eliminar mitocondrias.32 Al suprimir la autofagia, mTORC1 contribuye a la biogénesis y función mitocondrial, promoviendo una acumulación neta de mitocondrias.32 Esta acción anabólica de mTOR es fundamental para el crecimiento celular y la adaptación.
Existe una aparente discrepancia en la literatura respecto a la interacción entre la inhibición de mTOR y la biogénesis/autofagia. Mientras que la mayoría de las fuentes rigurosas (como los artículos de PMC 32) establecen consistentemente que mTORC1 inhibe la autofagia para promover la biogénesis, otra fuente indica que la «inhibición de la ruta MTOR favorece la biogénesis y la respiración mitocondrial al mismo tiempo que la autofagia».33 Esta contradicción directa resalta la complejidad de las vías de señalización y la posibilidad de efectos dependientes del contexto. La evidencia predominante sugiere que mTOR, al ser un regulador anabólico, impulsa la síntesis de proteínas y, por ende, la biogénesis, mientras que generalmente suprime la autofagia. Es posible que la afirmación contradictoria se refiera a un escenario específico o a una interpretación más compleja donde una inhibición transitoria de mTOR podría, a largo plazo, mejorar la calidad mitocondrial al permitir la eliminación de mitocondrias disfuncionales (mitofagia) y posteriormente un «rebote» en la biogénesis. Sin embargo, para los mecanismos directos, la información que describe la promoción de la biogénesis por mTOR y su inhibición de la autofagia es la más consistentemente respaldada.
Dinámica Mitocondrial: Fusión, Fisión y Mitofagia
Las mitocondrias no son orgánulos estáticos; son estructuras altamente dinámicas que se encuentran en constante remodelación a través de procesos de biogénesis, fusión, fisión y autofagia.3 Esta notable plasticidad les permite censar, responder y adaptarse a diversos estresores fisiológicos, siendo el ejercicio uno de los más potentes.15
La fusión es el proceso por el cual las mitocondrias se unen para formar una red interconectada más grande.3 Esta fusión promueve una mayor conectividad del retículo mitocondrial y se asocia con mejoras en el metabolismo y la función mitocondrial general.36 Por ejemplo, el entrenamiento con baja carga y alto volumen puede aumentar la abundancia de OPA1, una proteína clave en la fusión mitocondrial.34 El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) ha demostrado promover cambios en las proteínas que indican un aumento de la fusión mitocondrial, evidenciado por un incremento en el ratio OPA1/FIS1.37
La fisión, por otro lado, es el proceso de división mitocondrial.3 Este proceso es crucial para la segregación de mitocondrias dañadas y también está implicado en la coordinación de la mitofagia después de una sesión de ejercicio agudo.36
La mitofagia es un proceso especializado de autofagia que se encarga de la eliminación selectiva de mitocondrias dañadas o disfuncionales.3 El ejercicio influye activamente en estos procesos dinámicos, promoviendo la eliminación de mitocondrias dañadas y estimulando simultáneamente la biogénesis de nuevas mitocondrias sanas.9 Se ha observado la activación de la mitofagia tras una única sesión de ejercicio cardiorrespiratorio en modelos animales, aunque se destaca la necesidad de más estudios directos en humanos para confirmar estos hallazgos.34
La salud mitocondrial no se limita a la cantidad de mitocondrias presentes, sino que reside en el mantenimiento de un equilibrio dinámico entre la creación de nuevas mitocondrias (biogénesis), su interconexión (fusión) y la eliminación eficiente de aquellas que están dañadas o disfuncionales (fisión y mitofagia). El hecho de que el ejercicio influya en todos estos procesos 28 sugiere una respuesta adaptativa integral destinada a mantener un pool mitocondrial saludable y funcional. Este enfoque subraya que la optimización de la función mitocondrial es un proceso complejo que va más allá de un simple aumento cuantitativo, implicando una mejora cualitativa y una gestión activa de la red mitocondrial.
III. Impacto de las Modalidades de Ejercicio en la Biogénesis y Función Mitocondrial
Las adaptaciones mitocondriales son influenciadas de manera significativa por las características específicas de la prescripción del ejercicio, incluyendo el tipo de modalidad, la intensidad, la duración y la frecuencia del estímulo.15
A. Entrenamiento de Resistencia Aeróbica (Endurance Training – ET)
El entrenamiento de resistencia aeróbica es un estímulo bien establecido para la biogénesis mitocondrial. Genera un aumento notable en la cantidad y el tamaño de las mitocondrias en el músculo esquelético.3 Los atletas de resistencia, por ejemplo, presentan una densidad de crestas mitocondriales un 25% mayor en comparación con individuos no entrenados, lo que se correlaciona con una mayor capacidad oxidativa.34
Fisiológicamente, el ET estimula principalmente la biogénesis mitocondrial en el músculo esquelético.34 Este efecto está mediado, en gran parte, por el aumento en la expresión del coactivador transcripcional PGC-1α.3 En cuanto a las subpoblaciones mitocondriales, el entrenamiento aeróbico puede inducir un aumento del 86% en las mitocondrias subsarcólemicas (SSM) y un 33% en las intermiofibrilares (IMF).4 Las IMF son particularmente relevantes, ya que constituyen más del 80% del contenido mitocondrial total y están especializadas en la producción de ATP para la contracción muscular.34
Las ventajas del entrenamiento de resistencia incluyen una mejora significativa en el rendimiento de resistencia, un retraso en la aparición de la fatiga y un aumento general de la capacidad oxidativa del músculo.4 Además, el entrenamiento de resistencia ha demostrado revertir las disminuciones relacionadas con la edad en la sensibilidad al ADP y puede aumentar la emisión de H2O2 mitocondrial, posiblemente a través de la inducción de la biogénesis mitocondrial.40 Sin embargo, una desventaja potencial es que el ET puede requerir un mayor volumen de tiempo para lograr adaptaciones mitocondriales significativas en comparación con modalidades de mayor intensidad 41, lo que puede ser una consideración importante para individuos con limitaciones de tiempo.
B. Entrenamiento Interválico de Alta Intensidad (HIIT) y de Sprint (SIT)
El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) y el entrenamiento de sprint (SIT) se han consolidado como estímulos excepcionalmente potentes para la biogénesis y función mitocondrial, incluso superando en ciertos aspectos a las modalidades de menor intensidad.5 Una de las razones de su eficacia radica en su capacidad para reclutar un espectro más amplio de fibras musculares, generando adaptaciones en todas ellas.4
En términos de impacto cuantitativo, el HIIT y el SIT inducen aumentos porcentuales en el contenido mitocondrial que son comparables a los del entrenamiento de resistencia continuo (aproximadamente 27±5% con HIT y 27±7% con SIT, frente a 23±5% con ET), incluso cuando se realizan con un volumen de ejercicio significativamente reducido.24 Más allá del contenido, el HIIT es particularmente robusto en el aumento de la respiración mitocondrial y la actividad de los complejos de la fosforilación oxidativa (OxPhos).34
Estas modalidades también promueven adaptaciones cualitativas distintivas y mejoras en la dinámica mitocondrial.42 El HIIT, por ejemplo, induce una red tubular mitocondrial más grande y más fusionada, lo que se refleja en un aumento del volumen, número y perímetro mitocondrial, así como en un incremento del ratio OPA1/FIS1, un indicador de un balance hacia la fusión.37 Mientras que el entrenamiento continuo de intensidad moderada (MICT) tiende a generar una estructura mitocondrial tipo rejilla, el HIIT resulta en una red más fuertemente orientada longitudinalmente.38
La eficiencia temporal es una ventaja sobresaliente del HIIT y el SIT. El SIT es notablemente más eficiente por hora total de ejercicio en el aumento del contenido mitocondrial (aproximadamente 2.3 veces más eficiente que el HIT y 3.9 veces más eficiente que el ET).41 A su vez, el HIIT es aproximadamente 1.7 veces más eficiente que el ET.41 Esta alta eficiencia convierte al HIIT y al SIT en opciones muy atractivas para individuos con limitaciones de tiempo, al permitirles obtener adaptaciones mitocondriales significativas con un menor gasto energético total.38
En poblaciones específicas, el HIIT ha demostrado ser una modalidad terapéutica innovadora, segura y beneficiosa para preservar la calidad mitocondrial con la edad, tanto en adultos mayores sanos como en aquellos con enfermedades.43 Puede inducir la expresión de componentes clave de la maquinaria de importación de proteínas (PIM) y activar la respuesta a proteínas desplegadas en mitocondrias (UPRmt), ambos cruciales para el control de calidad mitocondrial y la longevidad.43 Además, el HIIT ha mostrado aumentar la mitofagia, el proceso de eliminación selectiva de mitocondrias disfuncionales 43, y disminuir la rigidez arterial y la frecuencia cardíaca en reposo en personas con diabetes tipo 2.6
A pesar de estos beneficios, existen controversias en la literatura científica sobre la efectividad exacta del ejercicio de alta intensidad en la promoción de la biogénesis mitocondrial en humanos. Estas inconsistencias subrayan la necesidad de abordar problemas metodológicos en la investigación para obtener conclusiones más definitivas.44
C. Entrenamiento de Fuerza (Resistance Training – RT)
El entrenamiento de fuerza (RT) es ampliamente reconocido por sus efectos en el aumento de la fuerza muscular y la hipertrofia.45 Sin embargo, su impacto en la biogénesis y función mitocondrial presenta matices importantes. El RT puede influir positivamente en la calidad mitocondrial y en la capacidad de las mitocondrias para generar ATP.34 A nivel molecular, el RT activa la vía mTOR, que es fundamental para la hipertrofia muscular y la producción de proteínas.46
Un fenómeno característico asociado al entrenamiento de fuerza es la «dilución del volumen mitocondrial».45 Los estudios sugieren que el RT puede resultar en un volumen mitocondrial relativamente menor en el músculo esquelético. Esta «dilución» se explica porque la hipertrofia de las fibras musculares (el aumento de su tamaño) puede superar la tasa de biogénesis mitocondrial, lo que significa que el volumen muscular total crece más rápido que el número o volumen absoluto de mitocondrias.45 No obstante, es crucial enfatizar que no hay evidencia que indique que el entrenamiento de fuerza promueva una pérdida neta de mitocondrias.45
A pesar de esta «dilución», es plausible que ciertos aspectos de la función mitocondrial puedan mejorar con el entrenamiento de fuerza. Esto se apoya en informes que indican que el RT no disminuye, e incluso puede aumentar, el VO2max en individuos previamente no entrenados.45 Aunque los aumentos en la abundancia de proteínas mitocondriales y la respiración son modestos en comparación con el entrenamiento aeróbico 37, el RT puede mejorar la sensibilidad a la insulina, posiblemente a través del aumento de la masa muscular sensible a la insulina y la actividad glucolítica del músculo, más que por adaptaciones mitocondriales directas.37 El RT también se asocia con mayores ganancias en masa libre de grasa.37 A nivel de la dinámica mitocondrial, el RT parece tener una influencia mínima en los reguladores de la fusión y fisión mitocondrial.37
En resumen, el entrenamiento de fuerza, si bien no se traduce en un aumento masivo del volumen mitocondrial como el entrenamiento de resistencia, sí tiene efectos profundos en las adaptaciones musculares que pueden resultar en fenotipos tanto de fuerza como de resistencia.46 Esto le confiere un valor terapéutico significativo para la pérdida muscular y la disfunción mitocondrial, especialmente en poblaciones con necesidades específicas.
D. Entrenamiento Concurrente (Concurrent Training – CT)
El entrenamiento concurrente, que combina modalidades de fuerza y resistencia aeróbica, ha sido objeto de considerable debate en la fisiología del ejercicio, tradicionalmente bajo la hipótesis de un «efecto de interferencia» donde una modalidad podría atenuar las adaptaciones de la otra. Sin embargo, la investigación reciente ha desafiado esta visión convencional, sugiriendo que el entrenamiento concurrente tiene el potencial de amplificar la biogénesis mitocondrial en el músculo esquelético en comparación con un modelo de ejercicio único.47
Estudios han demostrado que la combinación de entrenamiento de resistencia y fuerza puede resultar en mayores adaptaciones mitocondriales que cualquiera de las dos modalidades por separado.27 Por ejemplo, se ha observado que el mRNA de genes relacionados con la biogénesis (como PGC-1 y PRC) puede casi duplicarse en programas que combinan resistencia y fuerza en comparación con solo resistencia.49
La interacción entre las vías de señalización es clave para comprender este efecto. El entrenamiento de fuerza activa la vía mTOR, mientras que el entrenamiento de resistencia eleva la vía PGC-1α.47 La investigación propone un mecanismo por el cual la señalización mTOR podría promover la señalización PGC-1α a través de vías aún no completamente identificadas, lo que explicaría la remodelación mitocondrial superior observada después del entrenamiento concurrente.47 Esto sugiere una sinergia molecular en lugar de una interferencia.
En términos de adaptaciones específicas, el entrenamiento concurrente puede aumentar el número mitocondrial y mejorar la función mitocondrial y la sensibilidad a la insulina.37 También se ha observado una disminución en FIS1, una proteína reguladora de la fisión mitocondrial.37 Además, el CT puede contribuir a una reducción de la masa grasa.37
No obstante, las ganancias en capacidad cardiorrespiratoria (CRF), respiración mitocondrial y sensibilidad a la insulina con el entrenamiento concurrente pueden ser menores en comparación con el HIIT.37 Las diferencias mínimas en la apariencia y morfología mitocondrial en algunos estudios de CT frente a HIIT sugieren que la duración de las sesiones concurrentes (ej. 20 minutos por sesión) podría ser insuficiente para inducir cambios morfológicos más pronunciados, a pesar de la intensidad.37 La efectividad del entrenamiento concurrente parece depender de la secuencia diferencial de los entrenamientos de fuerza y resistencia aeróbica, lo que puede generar señales de biogénesis mitocondrial variadas.47
E. Variables de Prescripción del Ejercicio: Intensidad, Volumen y Frecuencia
La optimización de la biogénesis y función mitocondrial a través del ejercicio depende críticamente de la modulación de sus variables de prescripción: intensidad, volumen y frecuencia.15
La intensidad del entrenamiento es un determinante fundamental de las mejoras en la función mitocondrial, particularmente en la respiración mitocondrial.50 Las intensidades más altas de ejercicio conducen a un mayor recambio de ATP, una mayor dependencia de la oxidación de carbohidratos y una mayor utilización de glucógeno. Esto resulta en una mayor acumulación de lactato, creatina, AMP y ADP intracelulares, lo que a su vez incrementa la actividad de AMPK y CaMKII. La activación amplificada de estas quinasas por el ejercicio de alta intensidad se vincula con una mayor expresión de mRNA de PGC-1α, un regulador clave de la biogénesis mitocondrial.24 Las investigaciones sugieren que el entrenamiento a alta intensidad promueve adaptaciones cualitativas de la función mitocondrial.42 De hecho, los beneficios del ejercicio parecen depender más de la intensidad, y las intensidades superiores a la Zona 2 (Z2) podrían ser más efectivas, especialmente cuando el tiempo de entrenamiento es limitado.51
El volumen del entrenamiento es un factor determinante importante para las mejoras en el contenido mitocondrial (es decir, la masa mitocondrial).50 Un mayor tiempo de entrenamiento mantiene los niveles de biogénesis mitocondrial elevados durante un período más prolongado, lo que se traduce en una mayor biogénesis mitocondrial total.1 Estudios que han utilizado un alto volumen de entrenamiento durante semanas han demostrado que la cantidad mitocondrial aumenta en proporción directa al volumen de entrenamiento.2 Esto es particularmente relevante en períodos preparatorios, donde el objetivo principal es aumentar la cantidad mitocondrial para soportar mayores niveles de entrenamiento.2
La frecuencia del entrenamiento también juega un papel crucial en el mantenimiento del estímulo para la biogénesis mitocondrial.2 Se ha observado que una mayor frecuencia de entrenamiento (más de 4 sesiones por semana en comparación con 2) se asocia con mayores aumentos en el contenido mitocondrial.41 Para que se produzcan cambios fisiológicos significativos a largo plazo, se recomienda entrenar al menos tres veces por semana.39 En contextos donde se busca mitigar la pérdida de adaptaciones mitocondriales, como durante períodos de transición, mantener sesiones cortas pero frecuentes puede asegurar la persistencia del estímulo.2
En resumen, mientras que la intensidad es un motor clave para la mejora de la función mitocondrial, el volumen es fundamental para el aumento del contenido mitocondrial. La frecuencia, por su parte, asegura la continuidad del estímulo adaptativo. La combinación estratégica de estas variables permite diseñar programas de ejercicio que optimicen las adaptaciones mitocondriales de manera específica para diferentes objetivos y poblaciones.
Tabla 1: Comparación de Adaptaciones Mitocondriales por Modalidad de Ejercicio
| Característica / Modalidad | Entrenamiento de Resistencia Aeróbica (ET) | Entrenamiento Interválico de Alta Intensidad (HIIT/SIT) | Entrenamiento de Fuerza (RT) | Entrenamiento Concurrente (CT) |
| Contenido Mitocondrial (Número/Volumen) | Aumentos significativos en cantidad y tamaño.3 SSM > IMF.4 | Aumentos porcentuales similares a ET, pero más eficientes por hora.24 Aumenta volumen, número, perímetro.37 | Menor volumen mitocondrial relativo («dilución») debido a hipertrofia muscular predominante, sin pérdida neta.45 Aumentos modestos en abundancia de proteínas.37 | Puede amplificar la biogénesis mitocondrial en comparación con ejercicio único.47 Aumenta número mitocondrial.37 |
| Calidad/Función Mitocondrial (Respiración) | Mejora la capacidad oxidativa.4 Aumenta densidad de crestas.34 | Aumenta robustamente la respiración mitocondrial y actividad OxPhos.34 Promueve adaptaciones cualitativas.42 | Puede mejorar aspectos de la función mitocondrial.45 Aumentos modestos en respiración.37 | Mejora la función mitocondrial.37 |
| Dinámica Mitocondrial (Fusión/Fisión) | Remodelación hacia fenotipo pro-elongación (fusión).37 | Induce red más fusionada (aumento OPA1/FIS1).37 Remodelación hacia red longitudinal.38 | Influencia mínima en reguladores de la dinámica.37 | Disminuye FIS1.37 |
| Expresión PGC-1α | Aumento significativo y consistente.3 | Aumento significativo, comparable al continuo.5 | Activación de mTOR, pero también efectos profundos en adaptaciones mitocondriales.46 | Vinculado a preactivación mTOR o PGC-1α.47 |
| Eficiencia (Tiempo-efectividad) | Requiere mayor volumen de tiempo para adaptaciones significativas.41 | Muy eficiente por hora de ejercicio (SIT 2.3x > HIT, 3.9x > ET).38 | No aplica directamente a eficiencia de biogénesis en tiempo. | Puede ser menos eficiente que HIIT en ciertas ganancias.37 |
| Ventajas Adicionales | Mejora rendimiento de resistencia, retrasa fatiga.4 Revierte declive relacionado con la edad.40 | Beneficioso para calidad mitocondrial en adultos mayores.43 Disminuye rigidez arterial, FC en reposo en T2D.6 Recluta todas las fibras.4 | Aumenta fuerza y masa muscular.45 Mejora sensibilidad a la insulina.37 | Potencial sinergia entre fuerza y resistencia.47 Reduce masa grasa.37 |
| Inconvenientes/Controversias | – | Controversias sobre efectividad en humanos.44 | Fenómeno de «dilución» (no pérdida neta).45 | Menores ganancias en CRF, respiración, sensibilidad a la insulina vs. HIIT.37 Duración de sesión puede ser corta.37 |
Tabla 2: Efectos de la Prescripción del Ejercicio en las Adaptaciones Mitocondriales
| Variable de Prescripción | Impacto en la Función Mitocondrial | Impacto en el Contenido Mitocondrial | Consideraciones Adicionales |
| Intensidad | Determinante importante para mejoras en función (respiración).50 Mayores ATP turnover, lactato, AMP/ADP, activación AMPK/CaMKII, expresión PGC-1α mRNA.24 Promueve adaptaciones cualitativas.42 Beneficios dependen más de la intensidad; >Z2 puede ser más efectiva.51 | Menos determinante para el contenido.50 | Intensidades más altas pueden atenuar la capilarización.24 |
| Volumen | Influye en la función, especialmente con altas intensidades.5 | Determinante importante para mejoras en el contenido (masa).50 Mayor tiempo de entrenamiento = mayor biogénesis.1 Cantidad mitocondrial aumenta proporcionalmente al volumen.2 | Importante en épocas preparatorias para aumentar cantidad mitocondrial.2 |
| Frecuencia | Contribuye a mantener el estímulo para adaptaciones funcionales. | Mayor frecuencia (>4 sesiones/semana) asociada con mayores aumentos en contenido.41 Mínimo 3 veces/semana para cambios fisiológicos significativos.39 | Crucial para mantener el estímulo en periodos de transición.2 Datos limitados en humanos.24 |
IV. Intervenciones Adicionales y Consideraciones Prácticas
Más allá de las modalidades de ejercicio, ciertas estrategias dietéticas y el contexto de poblaciones específicas pueden modular las adaptaciones mitocondriales, ofreciendo vías para optimizar la salud y el rendimiento.
A. Modulación Dietética para Optimizar la Función Mitocondrial
La manipulación dietética puede potenciar las adaptaciones mitocondriales inducidas por el ejercicio aeróbico.52
La restricción periódica de carbohidratos antes del ejercicio aeróbico puede amplificar los efectos beneficiosos sobre los marcadores de biogénesis mitocondrial.52 Esta estrategia ha demostrado aumentar los marcadores de actividad mitocondrial (como la citrato sintasa y la β-hidroxiacil-CoA deshidrogenasa), potenciar el contenido total de la proteína COX IV, incrementar la oxidación de grasas en todo el cuerpo y mejorar el tiempo hasta el agotamiento durante el ejercicio.52 El mecanismo subyacente parece implicar un aumento en la fosforilación de AMPK y p38 MAPK cuando la disponibilidad de carbohidratos es restringida después de un ejercicio que agota el glucógeno.52 Además, la proteína supresora de tumores p53, que es sensible a la disponibilidad de carbohidratos, puede ser fosforilada por AMPK y p38 MAPK, estimulando genes que promueven la función mitocondrial.52 Sin embargo, es crucial considerar que la combinación de ejercicio aeróbico que agota el glucógeno con una restricción dietética de carbohidratos puede aumentar la proteólisis del músculo esquelético, lo que resulta en un balance proteico muscular negativo.52
La suplementación con proteínas de alta calidad puede mitigar esta proteólisis y promover la recuperación muscular.52 El consumo de proteínas de alta calidad durante o inmediatamente después del ejercicio aeróbico aumenta la síntesis de proteínas musculares, lo que puede contrarrestar la proteólisis asociada a la restricción de carbohidratos y favorecer un balance proteico positivo.52 Aunque la suplementación proteica no parece potenciar directamente la biogénesis mitocondrial inducida por el ejercicio aeróbico cuando los carbohidratos están restringidos, tampoco obstaculiza la activación de las proteínas de señalización intracelular asociadas a la biogénesis mitocondrial ni impide la síntesis de proteínas mitocondriales.52 Además, fomenta la recuperación del músculo esquelético al aumentar la síntesis de proteínas miofibrilares y la fosforilación de mTOR, p70S6K y rpS6.52
Actualmente, los mecanismos precisos por los cuales la restricción concomitante de carbohidratos y la suplementación proteica modulan las adaptaciones mitocondriales al entrenamiento aeróbico no están completamente claros, y aún no es posible establecer recomendaciones dietéticas estandarizadas.52 Se requiere más investigación para determinar las recomendaciones dietéticas óptimas, evaluando los efectos aislados de la proteína suplementaria y cómo la ingesta habitual de carbohidratos y proteínas influye en la respuesta adaptativa mitocondrial al entrenamiento aeróbico crónico.52
B. Adaptaciones Mitocondriales en Poblaciones Especiales
El ejercicio físico es una herramienta terapéutica poderosa que beneficia a una amplia gama de poblaciones, incluidas aquellas con características o condiciones especiales, adaptando la intervención a las circunstancias individuales.53
En poblaciones envejecidas, el ejercicio influye significativamente en las mitocondrias del músculo esquelético, induciendo la biogénesis mitocondrial, regulando al alza la expresión génica y la síntesis de proteínas, y aumentando la capacidad oxidativa.35 Si bien la actividad física tiende a disminuir con la edad, lo que dificulta distinguir entre los efectos primarios del envejecimiento y los de la inactividad, existe una fuerte evidencia de que el entrenamiento puede mejorar la función mitocondrial en adultos mayores y proteger contra la apoptosis asociada a la edad.35 De hecho, muchas de las disminuciones en la función mitocondrial atribuidas previamente a la edad cronológica son, en realidad, consecuencia de la inactividad física.35 El ejercicio es la única estrategia conocida para combatir la sarcopenia (pérdida de masa y función muscular relacionada con la edad), y esto se logra en gran medida a través de mejoras en la plasticidad mitocondrial.10 El ejercicio mitiga las enfermedades metabólicas relacionadas con la edad al mejorar la disfunción mitocondrial, promoviendo notablemente la biogénesis y la función mitocondrial.11
En pacientes con diabetes tipo 2, el ejercicio físico, incluyendo el entrenamiento de resistencia, fuerza y alta intensidad, mejora la sensibilidad a la insulina y la captación máxima de oxígeno.54 A pesar de que los pacientes con diabetes tipo 2 pueden tener un 30% menos de contenido mitocondrial en su músculo esquelético en comparación con individuos sanos, la función mitocondrial intrínseca (tasas respiratorias normalizadas por contenido mitocondrial) es similar en ambos grupos.54 El entrenamiento de ejercicio puede aumentar el contenido mitocondrial en estos pacientes.54 El entrenamiento combinado de ejercicio aeróbico y de fuerza puede ser superior a cualquiera de las modalidades por sí sola para reducir la HbA1c en adultos con diabetes tipo 2.55 Sin embargo, la investigación en esta población enfrenta desafíos, como la falta de informes detallados sobre el uso de medicamentos (que pueden afectar la función mitocondrial) y la escasez de grupos de control sanos bien emparejados.54
Para pacientes con miopatías mitocondriales, el ejercicio y el entrenamiento han demostrado mejorar la tolerancia al ejercicio y la calidad de vida.56 Las respuestas adaptativas al entrenamiento de resistencia ofrecen el potencial de aumentar los niveles de mitocondrias funcionales y contrarrestar los efectos deletéreos de la inactividad física, que exacerban el deterioro oxidativo mitocondrial.56 El entrenamiento de fuerza, en particular, se propone como un enfoque terapéutico innovador en pacientes con mutaciones esporádicas del ADNmt, sugiriendo la posibilidad de transferencia de ADNmt normal desde células satélite musculares a miofibrillas maduras, lo que podría reducir la carga de mutaciones y aumentar la carga mitocondrial funcional.56 No obstante, la eficacia y seguridad de este enfoque requieren ser replicadas en grupos de pacientes más grandes, y aún persisten incertidumbres sobre el efecto del entrenamiento en la heteroplasmia mitocondrial (la coexistencia de ADNmt mutado y salvaje).56
V. Conclusiones y Recomendaciones
La biogénesis y la funcionalidad mitocondrial son procesos fundamentales para la salud humana y el rendimiento físico, y el ejercicio emerge como el estímulo más potente y versátil para optimizarlos. La comprensión de los intrincados mecanismos moleculares y las adaptaciones específicas inducidas por diferentes modalidades de ejercicio es crucial para diseñar intervenciones efectivas.
Se ha establecido que señales iniciales como los cambios en el ratio AMP/ATP, el aumento del calcio intracelular y la generación fisiológica de ROS actúan como disparadores clave de la biogénesis mitocondrial. El lactato, tradicionalmente visto como un subproducto, se revela como un regulador metabólico activo que mejora la funcionalidad mitocondrial. El PGC-1α sigue siendo un regulador maestro ampliamente reconocido, aunque la evidencia de su dispensabilidad en la biogénesis inducida por el ejercicio sugiere una complejidad y redundancia en las vías de señalización que garantizan la adaptación. Las vías de AMPK y SIRT1, sensibles al estado energético y redox, interactúan con PGC-1α para orquestar estas adaptaciones, si bien el papel de SIRT1 puede ser más pronunciado en la sinergia con otros estímulos que en el ejercicio aislado. La vía mTOR, por su parte, es fundamental para la síntesis de proteínas mitocondriales y la inhibición de la autofagia, contribuyendo a la acumulación neta de mitocondrias. La salud mitocondrial se mantiene a través de un delicado equilibrio dinámico entre biogénesis, fusión, fisión y mitofagia, procesos todos ellos influenciados positivamente por el ejercicio.
En cuanto a las modalidades de ejercicio, el entrenamiento de resistencia aeróbica es un estímulo eficaz para aumentar la cantidad y calidad mitocondrial, especialmente en las subpoblaciones. El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) y el de sprint (SIT) destacan por su eficiencia temporal y su capacidad para inducir adaptaciones cualitativas robustas, promoviendo una red mitocondrial más fusionada y eficiente, lo que los convierte en opciones ideales para individuos con tiempo limitado. El entrenamiento de fuerza, aunque puede generar una «dilución» relativa del volumen mitocondrial debido a la hipertrofia muscular, mejora la calidad mitocondrial y la capacidad de generación de ATP, sin una pérdida neta de mitocondrias. El entrenamiento concurrente, contrariamente a la creencia previa de interferencia, puede amplificar la biogénesis mitocondrial, sugiriendo una sinergia entre las vías de fuerza y resistencia.
La prescripción óptima del ejercicio debe considerar la intensidad, el volumen y la frecuencia. La intensidad es un factor primordial para mejorar la función mitocondrial, mientras que el volumen es crucial para aumentar el contenido mitocondrial. La frecuencia asegura el mantenimiento continuo del estímulo adaptativo.
Recomendaciones para el Diseño de un Temario:
- Enfoque Holístico: El temario debe enfatizar que la biogénesis mitocondrial no es solo un aumento cuantitativo, sino una mejora cualitativa de la red mitocondrial a través de la dinámica (fusión, fisión, mitofagia).
- Mecanismos Moleculares Detallados: Es fundamental profundizar en las vías de señalización clave (AMPK, PGC-1α, SIRT1, mTOR), incluyendo las complejidades y aparentes contradicciones en la literatura para fomentar el pensamiento crítico y la comprensión de la investigación actual.
- Especificidad de la Modalidad: Detallar cómo cada modalidad de ejercicio (resistencia, HIIT/SIT, fuerza, concurrente) influye de manera única en la biogénesis y función mitocondrial, incluyendo sus ventajas y desventajas. La eficiencia temporal del HIIT/SIT debe ser un punto destacado.
- Prescripción Personalizada: Subrayar la importancia de las variables de prescripción (intensidad, volumen, frecuencia) y cómo su manipulación puede optimizar las adaptaciones mitocondriales para diferentes objetivos (ej. función vs. contenido).
- Relevancia Clínica y Poblaciones Especiales: Integrar la aplicación del ejercicio como «medicina mitocondrial» en el envejecimiento, la diabetes tipo 2 y las miopatías mitocondriales, destacando los beneficios y los desafíos en la investigación.
- Nutrición y Ejercicio: Incluir la modulación dietética (restricción de carbohidratos y suplementación proteica) como una estrategia complementaria para potenciar las adaptaciones mitocondriales, siempre con las debidas precauciones y la mención de la necesidad de más investigación.
- Actualización Continua: Dado que el campo de la biogénesis mitocondrial y el ejercicio es dinámico y en constante evolución, el temario debe alentar la revisión continua de la literatura científica.
En conclusión, el ejercicio físico es una intervención multifacética que ejerce profundos efectos en la biogénesis y funcionalidad mitocondrial a través de una red compleja de vías moleculares. La comprensión de estas interacciones y la aplicación estratégica de las variables de prescripción del ejercicio son esenciales para maximizar los beneficios para la salud y el rendimiento en diversas poblaciones.
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