Osteoporosis, amigos y aprendizaje: Crónica de un congreso inolvidable

Ciencia
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Manu Martin

Especialista Ejercicio Físico

Hay congresos a los que vas, sueltas tu charla, y te vuelves. Y luego hay experiencias como la vivida este pasado noviembre

Hay congresos a los que vas, sueltas tu charla, y te vuelves. Y luego hay experiencias como la vivida este pasado noviembre en el Congreso de Longevidad 2025 en la Clínica Buchinger Wilhelmi de Marbella.

Como docente del equipo de entrenadores de la clínica, jugaba en casa, pero aun así, lo que ocurrió allí superó mis expectativas. Subí al estrado para hablar de algo tan técnico y necesario como la prescripción de precisión en el ejercicio físico para la osteoporosis. Mi objetivo era aportar rigor científico a una patología que necesita movimiento urgente y controlado. Sin embargo, al bajar del escenario, lo que me llevé fue mucho más que un intercambio académico.

Un clima diferente Lo primero que notas en Buchinger es la intención. Es un lugar con la valentía y la capacidad para plantear cosas diferentes al resto, alejándose de los formatos encorsetados. Se respiraba una energía especial, una dinámica donde la ciencia de vanguardia convivía con una calidez humana difícil de encontrar en eventos de este nivel.

Las personas detrás de los nombres Lo que hizo inolvidable a este congreso fueron las conversaciones entre charlas, esos «pasillos» que valen oro y las nuevas amistades forjadas.

Tuve la oportunidad de desvirtualizar a Xevi Verdaguer. Muchos lo conocemos por redes, pero os aseguro que, en las distancias cortas, el personaje se queda pequeño ante la persona. Conocerle en directo fue descubrir una calidad humana que multiplica su valor profesional.

Qué decir de Felipe Isidro. Para muchos es un referente bibliográfico; para mí, es mi querido maestro y amigo personal. Compartir escenario con él, pero sobre todo compartir un buen café y risas, es uno de esos privilegios que te regala esta profesión.

El corazón de la clínica Nada de esto habría tenido ese «algo» especial sin el equipo que lo sostiene. Mención aparte merece Víctor, el director de la clínica, alguien capaz de impregnar cada rincón y cada momento de una calidad y una energía únicas. Y por supuesto, mi querido Facundo. Verle trabajar es inspirador: es un «entrenador esponja» en el mejor de los sentidos. Su perfeccionismo y su búsqueda constante de aprendizaje reflejan el altísimo nivel que se exige y se ofrece en la clínica.

Me vuelvo con la satisfacción de haber aportado mi grano de arena sobre el entrenamiento en osteoporosis, pero sobre todo, me vuelvo cargado de energía. Porque cuando la ciencia se rodea de buenas personas, el aprendizaje es infinito.

Manu MArtin posa para una foto con manos en la cintura
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