Voy a ir directamente a la respuesta.
No he encontrado MBST recomendada como tratamiento de la osteoporosis en ninguna de las principales guías clínicas que he revisado. No aparece entre las intervenciones recomendadas por la Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral (SEIOMM), ni tampoco en la guía británica NOGG, que revisa específicamente las estrategias para prevenir y tratar la osteoporosis y reducir las fracturas por fragilidad.
Esto significa algo importante: MBST no forma parte actualmente del conjunto de intervenciones que han acumulado suficiente evidencia como para incorporarse al manejo clínico establecido de la osteoporosis.
Y este es el punto desde el que creo que hay que empezar.
Si tienes osteoporosis y te están ofreciendo esta terapia, puedes seguir leyendo para entender por qué. Pero mi respuesta es contundente como habrás visto
¿Qué es MBST?
MBST —Magnetic Resonance Therapy o terapia de resonancia magnética terapéutica— utiliza campos electromagnéticos con finalidad terapéutica. No es la resonancia magnética que utilizamos como prueba diagnóstica. Sus promotores plantean que este estímulo podría actuar sobre determinados procesos celulares y favorecer la actividad de tejidos como el hueso. Desde un punto de vista experimental, la hipótesis puede resultar interesante y merece ser investigada.
Pero una hipótesis biológica no es un tratamiento.
Para pasar de “esto podría tener un efecto sobre determinadas células” a “esto trata la osteoporosis” necesitamos demostrar que produce beneficios clínicos relevantes en personas. Y ahí empiezan los problemas.
¿Qué debería demostrar una terapia para poder decir que trata la osteoporosis?
La osteoporosis no consiste simplemente en tener una determinada cifra de densidad mineral ósea. Lo que realmente nos preocupa es el aumento de la fragilidad del hueso y, en consecuencia, el riesgo de sufrir una fractura.
Por eso, cuando alguien afirma que una intervención sirve para tratar la osteoporosis, necesitamos algo más que una explicación teórica o algunos cambios en una densitometría. Necesitamos saber si el efecto se ha demostrado frente a un grupo comparable que no recibe el tratamiento, si los resultados se reproducen, si los estudios tienen suficiente calidad y, sobre todo, si existe evidencia de que puede modificar resultados clínicamente importantes como el riesgo de fractura.
Ese es el mismo criterio que deberíamos aplicar a un fármaco, a un programa de ejercicio, a un suplemento o a cualquier otra intervención.
Sí existen estudios sobre MBST
No sería correcto decir que no existe investigación.Uno de los estudios más utilizados para defender la terapia fue publicado por Krpan y colaboradores en 2015. Participaron 103 personas con osteoporosis que recibieron diez sesiones de una hora de terapia. Doce meses después se repitieron diferentes mediciones y los investigadores observaron mejoras en algunos parámetros de densidad mineral ósea. También analizaron marcadores relacionados con el metabolismo óseo y describieron un aumento de osteocalcina y estabilidad de β-CTX. Por tanto, sí hay resultados positivos publicados.
Pero hay un problema fundamental: no existía grupo control. Todas las personas recibieron MBST. Y eso cambia mucho lo que podemos concluir.
Que algo mejore después de un tratamiento no demuestra que haya mejorado gracias al tratamiento
Este es uno de los principios más sencillos y a la vez más importantes cuando intentamos interpretar un estudio. Si tratamos a cien personas y un año después algunas variables han mejorado, no podemos asumir directamente que el tratamiento sea la causa.
Durante doce meses pueden cambiar la actividad física, alimentación, medicación, vitamina D, peso, estado hormonal, otras enfermedades o muchas otras variables. Incluso una prueba diagnóstica tiene su propia variabilidad. El grupo control existe precisamente para ayudarnos a responder a esta pregunta: ¿qué habría ocurrido si esas mismas personas no hubieran recibido la intervención?
Sin esa comparación podemos decir que después del tratamiento se observaron determinados cambios. Lo que no podemos establecer con la misma seguridad es que esos cambios fueran producidos por el tratamiento. Y esa diferencia no es un tecnicismo metodológico. Es esencial.
¿Qué ocurre con las fracturas?
Otro trabajo publicado en 2017 describió el seguimiento de 450 pacientes previamente tratados con MBST durante cinco años. Los autores sugirieron que la terapia podría reducir el riesgo de fractura y presentaron además once casos de personas que habían sufrido traumatismos importantes sin fracturarse. Pero volvemos a encontrarnos con el mismo problema. No había un grupo control comparable. Sin él no sabemos cuántas fracturas habrían ocurrido en personas similares que no hubieran recibido MBST.
Y que una persona sufra una caída o un traumatismo sin fracturarse tampoco demuestra que una intervención haya fortalecido su hueso. Las fracturas dependen de multitud de factores: intensidad y dirección del traumatismo, geometría ósea, calidad del hueso, masa muscular, capacidad de reacción, superficie sobre la que se produce la caída y muchas otras variables.
Para saber si una terapia reduce fracturas necesitamos estudios diseñados para demostrarlo.
Entonces, ¿dónde están los estudios que deberían confirmar todo esto?
Para mí, esta es la pregunta principal. MBST lleva años utilizándose. No estamos hablando de una tecnología que haya aparecido hace seis meses. Existe investigación experimental, estudios observacionales, series de pacientes y mecanismos biológicos propuestos. Pero después de todos estos años seguimos sin disponer de un cuerpo sólido de estudios aleatorizados y controlados que permita situarla al nivel de las intervenciones reconocidas para la osteoporosis.
Y esto importa. Mucho
Porque una tecnología puede permanecer durante muchos años en una especie de espacio intermedio: hay suficientes datos para mantener una hipótesis y suficientes resultados preliminares para construir un discurso comercial, pero no suficiente evidencia para incorporarla a las recomendaciones clínicas. Ese parece ser actualmente el lugar de MBST.
Y las guías clínicas son especialmente útiles precisamente por esto
Las guías no son infalibles, ni son una verdad eterna. Van cambiando a medida que aparece nueva evidencia. Pero tienen una función muy importante: evaluar el conjunto de la literatura y decidir qué intervenciones tienen suficiente respaldo como para recomendarse en la práctica clínica.
La guía de SEIOMM recoge el manejo de la osteoporosis postmenopáusica, masculina y asociada a glucocorticoides y desarrolla estrategias de valoración y tratamiento. MBST no aparece entre ellas.
Lo mismo sucede con NOGG. Su guía actualizada revisa específicamente el diagnóstico, valoración del riesgo de fractura, manejo no farmacológico y tratamientos farmacológicos de la osteoporosis. Entre las medidas no farmacológicas recomienda, por ejemplo, una dieta adecuada, calcio y vitamina D cuando están indicados y la combinación de ejercicio con carga y entrenamiento de fuerza adaptado a cada persona. MBST no aparece como tratamiento recomendado.
Eso no demuestra que sea imposible que algún día pueda funcionar.
Lo que indica es que hoy no tenemos evidencia suficiente para tratarla como una intervención establecida para la osteoporosis.
Aquí es donde para mí aparece el verdadero problema
Que alguien investigue MBST no me genera ningún problema. Si existe un posible mecanismo, investiguémoslo. Lo que me preocupa es que una intervención que todavía no ha demostrado suficientemente su eficacia se comercialice ante una persona con osteoporosis como si formara parte de las opciones terapéuticas establecidas.
Y existe además una circunstancia que no podemos ignorar. Las máquinas se compran. Suponen una inversión económica para los centros. Y una vez que un centro dispone de una determinada tecnología existe, lógicamente, un interés comercial en utilizarla.
No estoy diciendo que todos los centros que la utilicen engañen deliberadamente a sus pacientes. No puedo saber cuál es la intención de cada profesional. Pero el conflicto existe. Y si, lo veo y me consultan mucho.
Y cuanto mayor sea ese interés económico, más rigurosa debería ser la información que recibe la persona que va a pagar por el tratamiento.
Tener una máquina no genera evidencia
Que una clínica disponga de una máquina no modifica la ciencia que existe alrededor de esa máquina. Que sea tecnológica, sofisticada o costosa tampoco.
Que existan pacientes que refieran encontrarse mejor tampoco demuestra que trate la osteoporosis. Y que pueda proponerse un mecanismo biológico mediante el cual podría actuar sobre las células óseas tampoco demuestra eficacia clínica.
El orden debería ser el contrario: primero demostrar que una intervención funciona y después ofrecerla como tratamiento eficaz. No adquirir una tecnología y buscar después argumentos que permitan justificar su utilización. Aunque esa misma máquina tenga beneficios para otra cosa, no es correcto ampliar su uso para aumentar el margen económico contando verdades a medias.
¿Qué debería decir un centro a una persona con osteoporosis antes de cobrarle por MBST?
Creo que debería explicarlo con mucha claridad.
Algo parecido a esto: “Disponemos de esta terapia. Existen estudios preliminares que han observado determinados cambios, pero actualmente no existe suficiente evidencia clínica para afirmar que trate su osteoporosis ni que reduzca su riesgo de fractura. Tampoco forma parte de las intervenciones recomendadas en las principales guías clínicas.”
A partir de ahí cada persona puede tomar su decisión. Si alguien conoce estas limitaciones y quiere probarla porque dispone del dinero, confía en el procedimiento o simplemente quiere hacerlo, es su decisión. Pero esa decisión debería hacerse con información real.
El problema aparece cuando la incertidumbre científica se convierte en una afirmación comercial. Cuando “podría tener un efecto” pasa a “regenera hueso”. Cuando “existen estudios preliminares” se transforma en “está demostrado”. O cuando una persona cree que está realizando un tratamiento reconocido para su osteoporosis cuando en realidad está pagando por una intervención cuya eficacia clínica todavía no está suficientemente establecida.
«Pero tampoco se ha demostrado que no funcione»
Este argumento aparece con bastante frecuencia. Y es importante entender por qué está planteado al revés. La responsabilidad de demostrar la eficacia corresponde a quien afirma que una intervención funciona. Si alguien dice que su máquina regenera hueso, mejora la osteoporosis o reduce el riesgo de fractura, debe aportar evidencia suficiente para sostener esas afirmaciones.
No corresponde al paciente demostrar que la terapia no funciona. Tampoco a quien analiza críticamente la evidencia. De lo contrario podríamos utilizar exactamente el mismo argumento para justificar prácticamente cualquier intervención.
“No hemos demostrado que no funcione” no es evidencia de eficacia.
Y tampoco basta con que exista un mecanismo biológico plausible
Esta es otra de las confusiones frecuentes. En investigación encontramos continuamente moléculas, estímulos o procedimientos que producen efectos sobre células, animales o determinados marcadores biológicos. Muchísimos no terminan convirtiéndose en tratamientos eficaces en seres humanos.
Un mecanismo plausible sirve para formular una hipótesis. Después hay que demostrar que esa hipótesis se traduce en un beneficio clínico. Si no mantenemos esta diferencia, cualquier pequeño estudio experimental puede terminar convertido en un argumento comercial. Y eso es especialmente delicado cuando hablamos de personas que buscan soluciones para una enfermedad.
Entonces, ¿qué podemos decir actualmente sobre MBST?
Algo bastante sencillo.
MBST no está reconocida actualmente como uno de los tratamientos recomendados para la osteoporosis en las principales guías clínicas que hemos revisado.
Existen estudios preliminares y resultados que pueden justificar continuar investigando, pero no tenemos un cuerpo de evidencia clínica suficientemente sólido para afirmar que la terapia trate la osteoporosis o reduzca el riesgo de fractura. Esa es la información que debería conocer cualquier persona antes de pagar por ella.
No es necesario afirmar que MBST jamás funcionará. No lo sabemos. Quizá en el futuro aparezcan buenos estudios controlados que demuestren beneficios relevantes. Si aparecen, tendremos que cambiar nuestra opinión.
Pero la ciencia también consiste en reconocer el punto exacto en el que estamos. Y hoy ese punto no es “tenemos un tratamiento demostrado”.
Es:
“tenemos una intervención que sigue necesitando demostrar que realmente beneficia a las personas con osteoporosis”.
Mientras esto sea así, no deberíamos basar en ella nuestro tratamiento, nuestra seguridad ni nuestra expectativa de reducir el riesgo de fractura. Y mucho menos permitir que una necesidad humana tan importante como el miedo a fracturarse convierta una hipótesis todavía no suficientemente demostrada en una certeza que se puede vender.
Mi sincera opinion
Oportunismo, y poca ética. Simple. Cuando algo no esta aprobado no se puede crear un producto de la “promesa de”. ¿Me devolverán el dinero?. Informan de que no hay ni una sola evidencia que apoye tal venta?. Usar la necesidad de las personas para crear productos sin evidencia aprovechando el entorno sanitario es una estafa. Las “laguna legales” para ofrecer este tipo de servicios no deberían tolerar estas cosas.
¿Qué hago entonces? Si ya haces ejercicio, tomas tu medicación y has adaptado tu estilo de vida para cuidar tu salud ósea, y aun así, con toda la información disponible —que, por ahora, no deja de ser una hipótesis sin comprobar— decides intentarlo, adelante.
Referencias principales
Krpan D, Stritzinger B, Lukenda I, Overbeck J, Kullich W. Non-pharmacological treatment of osteoporosis with Nuclear Magnetic Resonance Therapy (NMR-Therapy). Periodicum Biologorum. 2015;117(1):161-165.
Krpan D, Kullich W. Nuclear magnetic resonance therapy (MBST) in the treatment of osteoporosis. Case report study.Clinical Cases in Mineral and Bone Metabolism. 2017;14(2):235-238.
Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral (SEIOMM). Guías de práctica clínica en la osteoporosis postmenopáusica, glucocorticoidea y del varón.
National Osteoporosis Guideline Group (NOGG). Clinical guideline for the prevention and treatment of osteoporosis.Actualización 2024.

















